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Obras maestras Rodin

El beso de Rodín

El beso de Auguste Rodín es una escultura de gran fuerza. Su potencia reside en su lenguaje universal y la capacidad para mostrar al mundo una pasión íntima.

El artista francés realizó un gran aporte a la escultura acabando con la visión única (frontal). Además, mediante sus obras logró introducir escenas de la vida cotidiana a un escenario plagado de dioses, musas y mitos.

Su comprensión del espíritu de cambio que requería la época le permitió  lograr esta ruptura. Para 1900, Rodin era posiblemente el artista vivo más conocido y solicitado.

El Beso ficha técnica

  • Auguste Rodin (1840 -1917)
  • Le baiser
  • En torno a 1882
  • Mármol
  • Alto 181,5 cm ; Ancho 112,5 cm ; P. 117 cm
  • Impresionismo/ Simbolismo
Analisis de El Beso de Rodin

Historia detrás de El Beso

Análisis iconográfico

El mármol fue encargado por el Estado en 1888 y tallado desde entonces hasta 1898. Lo integraron al museo del Luxembourg en 1901 pero llegó al museo Rodin ocho años después.

La obra está inspirada en una  historia de amor que se contaba en la Edad Media. Los protagonistas eran Paolo Malatesta y Francesca da Rimini, personajes procedentes de La Divina Comedia, poema de Dante Alighieri (1265-1321).

Ella era la hija de Guido da Polenta, el príncipe de Ravena, obligada a casarse por cuestiones políticas con Gianciotto Malatesta. Pero un día conoció a su cuñado y se enamoró de él. Esto desencadenó un trágico final. Ambos fueron sorprendidos besándose mientras leían la historia de Ginebra y Lanzarote y los condenaron a errar en los Infiernos.

El diseño de la escultura surgió durante el proceso creativo de La Puerta del Infierno (La Porte de L’Enfer), compuesta por distintas figuras inspiradas principalmente en La Divina Comedia. Pero tras ser incorporada al tercer boceto de la monumental obra,  Rodín tomó conciencia de que esta representación de la felicidad y de la sensualidad estaba en contradicción con el tema de su gran proyecto.

Entonces la convirtió en una obra autónoma que fue mostrada a partir de 1887. El modelado flexible y liso, el dinamismo de la composición y el tema hicieron que tuviera un éxito inmediato.

Como ningún detalle anecdótico hacía recordar la identidad de los amantes, el público bautizó la escultura Le Baiser [El Beso], título abstracto que traduce su carácter universal.

La obra fue criticada en su tiempo por ser un desnudo, pero esa fue la forma que eligió

Rodin escogió la desnudez para transmitir el erotismo del amor prohibido, pero en su momento los cuerpos desnudos le valieron fuertes críticas.

Características

Rodin sacrificó la exactitud anatómica para valorizar la expresividad. El brazo de Francesca es más largo y no es anatómicamente correcta ninguna de las figuras. El maestro francés buscaba transmitir los sentimientos y las emociones que habitaban en sus personajes mediante la riqueza de los gestos, la tensión en los cuerpos y los contrastes de luces y sombras.

En El beso se observa una variante frente a otras escenas de amor, fundamentalmente por el rol que Rodin le dio al personaje femenino.
Es la mujer quien abraza al hombre, lo que indica que es quien propicia el momento de pasión. Su participación es activa, no es un sujeto pasivo que espera ser cortejada por un caballero. Por el contrario, la mujer domina, tiene una fuerza nodal.

La escultura muestra a los dos amantes de cuerpo entero en el momento en que se funden en un beso sobre una forma rugosa. Las figuras desnudas, sin elementos accesorios más que un esbozo del libro que Paolo sostiene, y la pose de la pareja exaltan el sentimiento y
la pasión que los une.

«El cuerpo expresa siempre el espíritu del que es envoltura. Y para el que sabe ver, el desnudo ofrece el significado más rico» Auguste Rodin

lo que permite de esa manera contemplarla desde todos los puntos de vista y encontrar así en ella multitud de detalles.

Lejos de la visión frontal, El beso propone multiplicidad de sus puntos de vista. Se debe rodear la obra para observar todos los detalles.

Es apreciable el naturalismo típico en Rodin, junto al non infinito, presente en el soporte. La piedra sin devastar se contrapone con las figuras suaves y pulidas.

Un beso que recorre el mundo

El Estado francés encargó una versión ampliada en mármol que Rodin puso cerca de diez años en entregar. Fue solo en 1898 que aceptó mostrar lo que llamaba su «gran bibelot».

En vida, el artista realizó varios ejemplares en distintos materiales y tras su muerte continuó la reproducción de la obra al contar con los derechos el Estado francés. Por eso, abundan en colecciones privadas y públicas de América Latina, México y Estados Unidos.

La colección de Buenos Aires tiene como particularidad su calidad, antigüedad y relación directa con el artista.

Conocé más sobre la técnica de Rodín y sobre sus obras.

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